Un verano inolvidable
Análisis del episodio 10 de Veinticinco Veintiuno

Llevo unos años viendo k-dramas, o dramas coreanos, y una vez ves unos cuantos comienzas a ver un patrón: tema romántico en 16 episodios con un “falso” beso sobre el 8, uno de verdad en el 12 y una separación en el 14. Estéticamente preciosos, todo el mundo usando marcas carísimas (hasta la protagonista, paupérrima por lo demás), móviles de Samsung (de los que se cierran sobre sí mismos, si la serie tiene sobre 5 años o menos) y con triángulos amorosos continuos (una ella y dos ellos, invariablemente). Con un poco de suerte, el rechazado acabará con la amiga de la infancia de ella. Hablando de infancia: ¡la pareja se conocía de antes! De niños, de adolescentes, porque un día coincidieron en un bus, porque la hermana del primo de la pescadera lo mencionó a uno de ellos de pasada…

Parece un poco tonto, pero la gente que no es habitual de esta serie no puede ni imaginarse hasta qué punto sale cada mes la misma serie. Y esto no es necesariamente algo negativo: a veces lo que necesitamos es la predictibilidad, lo de siempre, para ver algo mientras dejamos el cerebro medio apagado.
Sería un poco dejado por mi parte no señalar también que son series habitualmente escritas desde un punto de vista femenino (muchas veces basadas en el webtoon de una autora) y pensadas para un público femenino también. Esto, unido al hecho de que la cultura surcoreana está muy presente en las series, nos deja con la importancia de la estética, del lujo, de las relaciones interpersonales… Y del bebercio, que les gusta bastante; no en vano, la proporción de alcoholismo en Corea del Sur es casi el doble que en España, por poner un ejemplo.
Pero algo interesante que tiene el que esté pensada por y para mujeres es el hecho de que al principio había unos estándares de hombres muy concretos: duros por fuera, pero blanditos por dentro; celosos, sobreprotectores; y guapos y sexis, claro. Sin embargo, esto ha ido cambiando con los años, y ahora tenemos un protagonista respetuoso y comprensible en Miss Night and Day (Ella de día, otra de noche en España) o al marido maravilloso en Si la vida te da mandarinas (bueno, leal, amoroso y dispuesto a luchar y sacrificarse por su mujer; con contradicciones de su época, pero que intenta romper con ciertos roles de género), o simplemente un hombre empático en Summer Strike. O, ¡qué narices! Quien es el novio perfecto, Babi, en Yummi’s Cells. Sin embargo, y aunque este tema dé para tesis (de verdad, creo que la relación entre el feminismo y el movimiento 4B en Corea del Sur y la representación de los k-dramas es clarísima), simplemente quería poner unos cuantos ejemplos de los tópicos habituales para hablar de la serie que se los carga todos, uno por uno:
No sé si habréis oído hablar de Veinticinco veintiuno o no, supongo que dependerá de lo cerca que estéis de los ambientes de k-dramas, pero si estáis algo cerca (o si ha surgido el tema cerca de mi pareja), como mínimo os sonará. Si no… Voy a tratar de hablar muy por encima del argumento, aunque no quiero estropear la experiencia a nadie que no lo haya visto aún:
Una chica, Hee-do, practica la esgrima en el momento de la crisis financiera asiática (también conocida como la crisis del FMI, pues fue quien acabó interviniendo), crisis que le deja sin su deporte favorito y meta en la vida. Conocerá a un chico, Yi-jin, y a otra esgrimista (Yoo-rim), en esta situación en la que tratará de recuperar su sueño.
Esto es apenas un esbozo, a propósito superficial, del primer episodio, donde evito hablar de nada importante, dado que creo que es una serie que merece mucho la pena ver lo más a ciegas posible, incluso aunque no la vea alguien fan de los k-dramas. Baste tener en mente que la serie se desarrolla a finales de los años 90 y avanza con el nuevo siglo, por lo que mucho de lo que ocurre se da con una época de fondo muy reconocible para su público objetivo (habitualmente el coreano). Un factor clave será, entonces, la nostalgia.
Es una serie en la que va todo con calma, especialmente al principio, y los conflictos son, mayoritariamente, de relaciones entre personas, por lo que no nos sorprenderá comprobar que el eppisodio número diez es un episodio de playa, un concepto muy típico en otro medio, el anime: todos van a pasar un día a la playa, con comida, diversión y tranquilidad, siendo normalmente un parón en la trama que deja que respire o que sirve para tratar la evolución y las relaciones de los personajes. Además, en la animación japonesa sirve para mostrar adolescentes semidesnudas y eso, pero no es importante para este episodio.
Bajo la excusa de grabar una parte de un vídeo documental —esto tiene que ver con Hee-do siendo esgrimista—, Yi-jin, el protagonista masculino, la lleva a la playa, junto con otros tres amigos. Este grupo de cinco llega allí y Yi-jin se da cuenta de que ser cuatro años mayor en ese momento implica muchísima distancia: los demás no saben cocinar cosas básicas y, aunque esto sirve para tener un rato de humor, también ayuda a distanciar un poco la relación principal, al menos de cara al público.

Comen, juegan, compran fuegos artificiales —de esos que echan chispitas, no de los que asustan a personas neurodivergentes y animales— y se sacan fotos. Al final del capítulo hay una escena con los cinco mirando al mar, y hablando de «comprar el verano». Quieren que ese momento sea solo para ellos.
—¡El verano es nuestro! —grita uno de los personajes. —¡Pero qué vergüenza das! —responde otro en el mismo tono.
Pero da igual. Están juntos, son jóvenes, son amigos y ese momento dura solo un instante y para siempre a la vez.
La música lleva un rato sonando, pero ahora empieza a apagarse. Hay un barrido de las caras de los cinco, que ríen y miran al horizonte y entre ellos. Yi-jin mira hacia arriba y la cámara nos muestra el enorme atardecer, con ellos abajo, minúsculos.
Solo unos segundos después hay un primer plano de Hee-do: «siento que este momento durará para siempre». Yi-jin tiene una sonrisa triste: «quizá así será», pero es cuatro años mayor, y parece estar pensando que es imposible. «Eso espero» dice ella, sonriéndole.
La música sube de nuevo. Vemos un plano de los cinco y vuelve la cámara a alejarse, empequeñeciéndolos contra lo eterno del cielo y el mar. Hay un efecto de sonido de obturador y el vídeo se para, como si se hubiera sacado una foto de ese momento, eterno e inolvidable.

La primera vez que vi este momento no me impactó tanto, pero lo interesante es que sabía —había visto ya muchas series coreanas— que el episodio se había terminado, y no quería ver el avance del siguiente.
Sin embargo, cuando me levanté para poner el siguiente, vi que no era el final aún.
Voy a hacer una pequeña pausa, porque creo que no he hablado lo suficiente de lo que tira esta serie de la nostalgia.
Comenté que está ambientada en la época de la crisis del FMI, pero ¿sabíais que en Corea del Sur había una hamburguesa FMI que era muy, muy barata? Sale en la serie. ¿Sabíais que Shin Chang-won se escapó de la cárcel durante los noventa y tardaron casi tres años en dar con él? Cuando lo atraparon llevaba una camisa llamativa que se puso rápidamente de moda en los institutos. Sale en la serie. ¿El efecto 2000? Sale en la serie. ¿Los busca o beepers? Salen en la serie. Hasta el inicio y final de los episodios están visualmente en un formato VHS.
La serie rezuma nostalgia allá por donde pasa, sí, hasta el punto de estar hecha desde el año 2021 —y aquí vemos una mirada al pasado algo diferente, la de la pandemia.
Esta historia no la vemos sin más, si no que nos guía Kim Min-chae, la hija de Na Hee-do. Ella ve el pasado de su madre y nosotros a través de sus ojos. Entonces, pasamos al final real del episodio:

Ella se queja de no poder hacer nada durante las vacaciones, y Hee-do le responde que están en medio de una pandemia. La hija responde que nunca ha ido de vacaciones durante el instituto, y entonces su madre le responde que ella tampoco.
—Fuiste a la playa con tus amigos, vi las fotos del álbum —le responde Min-chae, que, como nosotros, acaba de recibir esa información.
Y… Este es mi episodio favorito, en parte por lo que ocurre a continuación: esta es una serie que lucha contra los tópicos de su género, pero también contra los suyos propios: depende de la nostalgia, de que la gente se acuerde de aquella época y pueda sentirse cercana. Pero, al final de este episodio, nos dice que eso no tiene tanto valor.
Vemos que Hee-do no se acuerda en absoluto. Peor aún, ese momento que duraría para siempre, en el que obtendrían el verano para ellos y que sería clave en sus vidas no parece siquiera importante.
—Nada dura para siempre —sentencia la Na Hee-do adulta—, todo es muy efímero y los momentos pasan. Y eso no es necesariamente algo malo.
Fundido a negro, termina el episodio.